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El Mal

por Romen
sábado, 08 de agosto del 2009 a las 04:05

EL PROBLEMA DE MAL[1]

El problema del mal ha sido visto siempre como un serio obstáculo para creer en Dios. Si existe Dios, ¿cómo es posible el mal? De dónde proviene el mal, puesto que Dios, que es bueno , ha creado buenas todas las cosas?

El problema del mal se encuadra en un marco existencial y pragmático que teórico y especulativo, pero se hace necesario un planteo categorial en una reflexión filosófica. Esta reflexión, aunque no solucione enteramente el problema a nivel vivencial humano, puede ofrecer una visión coherente de la realidad global, en cuyo seno se inscribe el mal como hecho indiscutible.

I El hecho del mal. Fenomenología y concepto

Descripción fenomenológica: Partimos de su presencia incontrastable y de los efectos que produce.

El mal se presenta como una forma de ser de la existencia.

"Cuanto más se hace el hombre, en su carne, en sus nervios, en su espíritu, más se incrusta, más se agrava en él, el problema del mal." (Teilhard)

Se lo experimenta de diversas formas, el denominador común es el dolor, la máxima expresión, la muerte.

"La vida es dolor radical" Buda

El mal se presenta como una propiedad existencial de la estructura humana que se expresa en el distanciamiento entre lo que se es y lo que se pretende ser. Equivale a una disteleología o frustración de un orden teleológico, no por carencia del fin precisamente, sino de los medios conducentes. La ausencia de medios afecta indirectamente al fin, al que contribuyen.

Esta vivencia de inadecuación tiene versión humana en el dolor: Físico, psíquico y social:

Mal Físico: carencia de una propiedad debida, su expresión humana es el dolor (centinela de la vida) alarma que pone en movimiento los mecanismos adaptativos de defensa. Desarreglo o carencia de armonía del propio organismo. Se presenta como dolor señal y dolor vivencia.

Mal Psíquico: La contrariedad se instala en una zona no localizable corporalmente, la intimidad profunda de una persona, es resultado de la manera de relacionarnos negativamente con el entorno. Sensación de fracaso, pérdida de ideales, oscurecimiento de la propia identidad, por el desajuste interior. Si en estas vivencias participa la libertad contraviniendo principios que regulan su conducta, aparece la culpa o mal moral (forma particular del mal psíquico producida por el mal uso de la libertad.

Mal social: Brota del desajuste en el modo de relacionarnos con nuestros semejantes: abandono de amigos, separación del medio ambiente. Lo vuelve al hombre frágil y quebradizo, lo predispone a la desesperación

Santo Tomás de Aquino: distingue entre mal moral o pecado, propio del ser racional que se opone libremente al plan establecido por el Creador (malum simpliciter), y mal de la pena, que desagrada al ser humano, tanto en el orden físico como en el psíquico y social, porque contraría la sensibilidad y la voluntad. Tomás  considera  este mal como consecuencia del anterior. Habla también de mal natural, que equivale a la carencia de una propiedad debida y tiene lugar en el reino de la naturaleza, donde la subordinación de unos seres a otros, a la vez que salvaguarda el orden y el equilibrio general, produce quebrantos y perjuicios a los individuos particulares.

Leibniz:[2] clasificó el mal en metafísico(simple imperfección), físico (sufrimiento) y moral (pecado) porque la criatura es limitada esencialmente. Al vincular el mal con la limitación, resulta que toda existencia individual es mala, porque es limitada. Esto dará fundamento a la postura existencialista de nuestro siglo, la que plantea lo absurdo de la existencia.

Heidegger: subraya la negatividad característica de la existencia tal como se nos revela bajo el temple de la angustia. Orientada hacia su propia destrucción, la existencia es un Aser para la muerte@

Causa y naturaleza del mal: ¿a qué se debe ? ¿en que consiste ?

El problema planteado por la realidad del mal es tan inquietante que muchos han creído que sólo era posible resolverlo mediante el dualismo. Así el Mazdeísmo de Zaratustra (Zoroastro) con sus dos principios: Ahura Mazda (Ormuzd), principio del bien, y Angro-Mainyu (Ahriman), principio del mal. El Maniqueísmo y sus derivados medievales (catarismo, albigenismo) rejuvenecerán esta doctrina.

El neoplatonismo considera a la materia como principio de la fealdad y del mal; la materia es absolutamente mala, la materia no es ser (y con ello queda a salvo la bondad del ser)

En la India principalmente el mal radical consiste en la existencia individual. De allí que el budismo busca la supresión de los deseos y del querer-vivir. En estas corrientes se inspiran Schopenhauer: la existencia es dolor y por ello hay que renunciar a la voluntad y al querer-vivir; y E.von Hartmann: por el dominio sobre las energías de la naturaleza, poner a la humanidad en condiciones de acabar para siempre con la existencia y el mal.

Es inconcebible un Dios malo frente a un Dios Bueno. Los filósofos y teólogos cristianos así lo vieron y por ello negaron la sustancialidad del mal, concibiéndolo como privación y carencia de bien. Lo entendieron como pura negatividad, luego no puede ser obra de Dios. Así para San Agustín el mal no es otra cosa que privación del bien.

 Tomás reasume la postura de agustín ( privación de bien) y en su definición prevalece el sentido de privación sobre el de mera negatividad. Más que simple carencia, el mal es falta del bien que corresponde a la naturaleza del sujeto.

Es carencia de una perfección o propiedad en un  sujeto que debiera poseerla. Por eso solamente tiene lugar en  los seres finitos dotados de capacidades que no se cumplen debidamente.. Afecta sólo a las criaturas y de ningún modo al Creador.

La simple negación convertiría en malas todas las cosas creadas por el mero hecho de ser finitas e imperfectas en su ser. Leibniz, que identifica mal con imperfección, confunde la raíz o posibilidad con el mal mismo, la limitación ontológica no constituye por sí misma un mal alguno..

El mal no radica en sí mismo -no es ser- sino en las cosas, que, aún siendo buenas por el mero hecho de existir, no poseen todo el bien que les corresponde ni están dotadas del grado de perfección a que están llamadas.

 El mal existe en el bien; en otras palabras: el sujeto portador del mal es bueno porque hay ser en él, y el mal obra por el bien, puesto que el mal siendo en sí mismo privación o no ser, carece de causalidad propia. (Maritain)

El mal es una realidad adjetiva o adherente. Con mayor rigor diríamos que el mal no es una realidad sustancial, sino algo que se inscribe en el dominio de los accidentes. El mal, para tener realidad exige al ente categorial como sujeto de sustentación o de inherencia. No tiene un ser real por sí, es decir independiente o absuelto del sujeto en el que necesariamente encarna al realizarse. Existe como una anomalía del ente particular.

No tiene tampoco esencia absoluta y completa. A lo más es forma accidental de otro ente. Por ser forma de otro ente no tiene subsistencia propia.

La esencia del mal deviene de otra esencia: la del ente finito. Por eso el mal no convierte al ente finito en otra cosa, sino que sólo lo hace ser de otra manera. Se da una maduración imperfectiva del ente finito.

Mas que un ser, el mal es un “tener” , y precisamente un “tener imperfectivo” de un sujeto. Mientras el bien, como la perfección y la existencia, es un don, el mal como la imperfección y la privación, parece más una deuda. El bien está incardinado en el ser y el mal en la falta de ser. Por ello el bien es apetecible y el mal no.

No por carecer de entidad, no deja de afectarnos realmente. Hay mal en un mundo creado por Dios. Por eso la pregunta  por el mal sólo es posible desde el ser y desde el bien: mejor aún, desde la debilidad e imperfección de los seres.

Definido el mal como deficiencia ontológica, ¿por qué hay seres deficientes (malos) en vez de nada?

II NECESIDAD DEL MAL. JUSTIFICACIÓN RACIONAL

  A quien se debe la deficiencia que llamamos mal?

Este problema se ha planteado en forma confusa, especialmente cuando se reduce el mal al pecado y a la culpa, olvidando su aspecto ontológico, se pone la causa en Dios. Surge entonces la teo-dicea para justificar la bondad y el poder de Dios. Se confunden aquí los planos teológico y filosófico.

La cuestión  no es si Dios quiere y no puede o de si puede y no quiere evitar el mal, sino ¿por qué Dios  creó un mundo finito e imperfecto ?

Mundo creado implica: limitación en el ser o imperfección ontológica. La condición finita se opone a omniperfección. No es que la finitud no es un mal en sí misma, sino su raíz y posibilidad. El tener unas propiedades , entra en conflicto con tener otras (predicamentos). El cuadrado se opone al círculo. 

1. Un mundo-finito-perfecto es imposible lógica y metafísicamente

 Omniperfección se opone a creación. Un mundo omniperfecto es un contrasentido, no es que Dios no pueda hacerlo, sino que es irrealizable en sí mismo.

La finitud entraña limitación, carencia, disfunción, y en consecuencia, el mal. La infinitud en cambio, excluye el límite, es plenitud y perfección en el ser y el obrar, es bien absoluto. Por ser creado, nuestro mundo es finito, es inacabado y deficiente, es espacio para el mal.

Desde este planteo, el mal no es generador de ateísmo, sino la pro-teodicea, y pretexto de la existencia de Dios.

2. El mal, antiteodicea (contra Dios) ?

¿O Dios quiere quitar el mal del mundo, pero no puede; o puede, pero no lo quiere quitar; o no puede ni quiere; o puede y quiere. Si quiere y no puede, es impotente; si puede y no quiere, no nos ama; si no quiere ni puede; no es el Dios bueno y, además, es impotente; si puede y quiere -y esto es lo más seguro-, entonces, ¿de dónde viene el mal real y por qué no lo elimina? (Epicuro)

 A lo largo de la historia los argumentos contra la existencia de Dios repiten la argumentación de Epicuro. Estos planteos presentan al mal como realidad entitativa y sustancial.

Leibniz quiso responder a esta cuestión banalizando el mal, minimizando su cantidad frente a la bondad que representa la creación en su globalidad (optimismo metafísico). La razón de lo mejor, según Leibniz, obliga a Dios a escoger lo más perfecto. Este argumento enmudece ante la experiencia del sufrimiento.

 “Yo despreciaría hasta la muerte el amar una creación en la que los niños son torturados” (A.Camus, La peste)

Tanto el planteo del "mejor de los mundos posibles" como el del "peor de los mundos posibles@ no tiene en cuenta la inconsistencia ontológica del mal.

La presencia del mal (como privación) no es alegato contra Dios, sino un reclamo y exigencia del mismo. Una necesidad que haga crecer el bien, disminuyendo el mal

3. El mal, proteodicea (“pro Deo”)

"Porque hay mal, Dios existe" (C.Gent.I.3, c. 7)

Si el mal es carencia, sólo se percibe y comprende racionalmente desde la perfección y lo positivo.

Su conocimiento, como su padecimiento, es siempre fruto de una comparación, cuyo punto de referencia no puede ser un bien relativo, sino absoluto y supremo.

El sinsentido expresado por el mal desaparecen racionalmente ante la presencia real y objetiva de un ser absolutamente bueno trascendente donde adquieren plena significación la realidad existencial y los postulados éticos.

Ante la presencia del mal, el orden ético se convierte en postulado y reclamo de Dios como bien absoluto (Kant: Dios como postulado)

Una cuestión pendiente en la filosofía, que no se resuelve con la afirmación de la finitud de la naturaleza y el mal que conlleva, es la siguiente: ¿Por qué Dios hizo un mundo que tenía que contar con el mal inexorablemente? ¿Valía la pena crear un mundo defectuoso?

III COMPATIBILIDAD DE DIOS CON EL MAL. LA RAZON DE SER DEL MAL

Compatibilidad de Dios con el mal no significa connivencia y pacto mutuo, tampoco permisión o visto bueno. Dios es la oposición radical y respuesta personal al mal, es la objeción al mal.

Solo un mundo sin historia, cuyo único protagonista fuera el ser infinito, estaría exento de mal. Ese mundo sería una réplica de Dios. Nuestro mundo no es así. Es realidad finita capaz de infinitud mediante un lento proceso de crecimiento y maduración, en el que el ser creado alcanza a través del hombre su plenitud en la comunión con el Absoluto.

Dios al crear, no elige entre un mundo con mal y otro sin mal. Opta por el ser en vez de la nada. Aunque el resultado no sea perfecto, no es para instalarse definitivamente en las carencias, sino para superarlas, el ser creado lleva la impronta del Creador, bueno por esencia.

La creación no ha terminado de formarse, como sistema orgánico, se encuentra en período de crecimiento animado por un principio interno que la impulsa hacia el triunfo definitivo del espíritu. Si el mundo evoluciona y este movimiento se encamina a la realización de la persona, es necesario que el no-ser decrezca y aumente el ser y el bien.

Al lado de las energías naturales, está Dios, ayudándolas a alcanzar su perfección máxima. Más aún, combate con la naturaleza a través del hombre en contra de todo lo que impide su desarrollo y liberándola del mal. Por eso, más que preguntarse por la causa del mal (¿cómo es posible?) Hay que hacerlo por su comprensión y vencimiento (¿qué sentido tiene y cómo puede ser salvado?)

El problema del mal, insoluble en un universo estático (cosmos), no se plantea ni ser resuelve de la misma manera en el caso de un universo evolutivo (cosmogénesis) en vías de perfección, sobre todo si el mismo autor del mundo tiene a bien sumergirse en su obra, asumiendo todo lo que hay de defectuoso en ella para hacerla progresar hasta su debido cumplimiento.

En semejante perspectiva, Cristo crucificado no simboliza el fracaso de Dios ante el mal sino su victoria definitiva y anuncia la posibilidad de transformación del mal en bien. El sentido de la creación se consuma en la pasión de Cristo.

En este contexto hay que interpretar la afirmación de Tomás:  “Dios...quiere permitir que se haga el mal, y esto es bueno” (I, q.19, a.3 ad 3). Porque el mal no es tal, sino evolutivamente y en relación al bien futuro último.

La única causa del mal es, por tanto, la desesperanza o falta de fe en lo que Dios quiere que se haga para que el mundo sea verdaderamente humano. En la renuncia a colaborar libremente con el progreso dle bien en el mundo y en la idolatría de la finitud humana.

La solución al problema del mal sólo puede pensarse en términos escatológicos, es decir como acabamiento y transfiguración de este mundo defectuoso.

Yo antepondría el peor de los mundos cristianos al mejor de los paganos, porque en el mundo cristiano hay lugar para quien no tiene lugar en el mundo pagano: los mutilados, los enfermos, los ancianos, los débiles. Y porque hay algo más que lugar: hay amor para aquellos que resultan inútiles para un mundo pagano y ateo.” (H. Boll, premio Nobel de Literatura, 1972)

P.D. Según Gonzalez Alvarez

El sujeto del mal es el bien, pertenece siempre a un cierto bien.

 Causa Material: el bien (aunque lo sea solo por accidente)

Causa Formal: no tiene, es una privación de forma

Causa Final: no la tiene, es privación de orden en la disposición de los medios respecto a su fin

Causa Eficiente: por accidente

El mal puede causarse en una acción por defecto de uno cualquiera de los principios en que se origina esta acción

(un rengo que camina: el defecto es de la pierna, la acción de la potencia motriz)


[1]BIBLIOGRAFIA: Sahagún Lucas, J. de, Dios, horizonte del hombre, BAC, Madrid, 1994; Gonzalez Alvarez, A. Tratado de Metafísica. Ontología, Gredos, Madrid, 1979; Torres Queiruga, A., Creo en Dios Padre. El Dios de Jesús como afirmación plena del hombre, Sal Terrae, Santander, 1986;Ruiz de la Peña, Teología de la Creación, Sal Terrae, Santander, 1986.

[2] Intenta una "justificación de Dios" (Teo-dicea) tratando de resolver las aporías que planeta la presencia del mal en el mundo en relación con determinados atributos de Dios, como la infinita bondad y la causalidad universal. El mal como tal no es el ente teológico ni está radicado en él, ni producido por él. Solo indirectamente el tema del mal es tratado en la Teología natural.

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Romen escribió esta anotación hace 3 meses. En ella habla sobre Etica, Metafísica y Trascendentales.

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