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Los trascendentales (2º Parte)

por Romen
miércoles, 05 de agosto del 2009 a las 21:28

5. LA NOCION DE COSA

a)     Etimología:

La palabra castellana “cosa” viene de la latina causa, pero no traduce el significado de ésta, sino el de la también latina res. Esta última deriva del verbo reor, que significa contar, calcular, y así mismo pensar o juzgar. El participio pasivo de reor o sea ratus, significa lo ratificado, lo determinado, lo fijo.

Santo Tomás se atiene a dicha etimología y así distingue dos sentidos de la palabra res:

-uno que mira más al hecho de ser objeto del pensamiento ( y así  llamará “cosa” a todo lo pensado, exista o no en la realidad)

-otro que atiende principalmente al hecho de darse como algo determinado y fijo (y así “cosa” será sinónimo de realidad extramental)[1]

En cuanto al uso filosófico, el término “cosa” se contrapone unas veces al ente, otras, al objeto, y otras, a la persona.

b) Cosa y ente

El término “cosa” es usado para designar un modo trascendental del ente, no una propiedad del mismo. “Cosa” no añade nada nuevo a la noción de ente. La única distinción que puede hallarse es que cosa designa principalmente la esencia y secundariamente la existencia, en cambio ente designa principalmente la existencia, el acto de ser, y secundariamente la esencia.

Siendo así, “cosa” tiene una amplitud universalísima o trascendental; se puede aplicar a todo, a lo corpóreo y a lo incorpóreo, a lo sustancial y a lo accidental, incluso a lo real y a lo puramente lógico., pero sin duda con cierto orden o analogía, pues se dice primero de lo real antes que de lo puramente pensado y antes de la sustancia que de los accidentes.

Se distingue el ente como nombre y como participio, esto coincide con la distinción entre cosa y ente: la cosa, en efecto, es justamente el ente como nombre; y por ello ente y cosa se suelen considerar sinónimos.

c)     Cosa y objeto

La contraposición cosa-objeto se establece en el plano del conocimiento.

En la filosofía clásica :

la cosa en cuanto contrapuesta  al objeto propiamente dicho, es decir al objeto formal, es la realidad misma extramental, con todas sus determinaciones y con la existencia propia por la que subsiste fuera del sujeto cognoscente, o con independencia del conocimiento que de ella se tenga. En cambio el objeto formalmente dicho, es aquel aspecto o faceta de la cosa que en cada caso se toma como término de la operación cognoscitiva. Según esto, y en una primera aproximación, puede decirse que la cosa se contrapone al objeto como el todo a una de sus partes; y el hecho de que esa parte tenga una proximidad mayor o menor al todo sólo se debe a la perfección o a la imperfección del conocimiento. En el límite, y para un conocimiento perfectísimo o totalmente exhaustivo, cosa y objeto parece que deberían coincidir sin residuo. Pero esto tampoco es exacto, pues aunque el objeto retuviera todo lo que contiene la cosa misma, no lo contendría de la misma manera[2]. Por eso se mantiene siempre, al menos en el orden finito,  la distinción entre cosa y objeto. La cosa es una esencia que existe realmente; el objeto es esa misma esencia con un ser puramente mental o intencional, con otro tipo de actualidad que llamamos objetualidad.

En la filosofía moderna:

 Descartes: llama “idea” a lo que es el Objeto formal Motivo[3], aún no se observa el cambio. Esto es en general en todo el racionalismo, al decir de Spinoza: “el orden y la conexion de las ideas es el orden y la conexion de las cosas” Si se examina atentamente ya no hay aquí una identidad entre el contenido del objeto y el contenido de la realidad sino de un paralelismo (asegurado por Dios)

Kant: contrapone la cosa “en si” (noumenon) a la cosa “tal como se nos da en la experiencia” (phainomenon)[4]. La contraposición entre  cosa y objeto es completamente radical. No se niega la cosa en sí fuera del sujeto cognoscente pero lo cierto es que el término del conocimiento, es decir, el objeto propiamente dicho, no es nunca la cosa como es en sí, ni ningún aspecto o faceta real de la misma, sino algo elaborado por el propio cognoscente en el acto de conocer

Idealismo: la cosa es sí desaparece absorbida por el objeto. Ya no hay contraposición porque se niega la cosa en beneficio del objeto. No solo no podemos conocer sino que ni siquiera podemos pensar una cosa.

d)     Cosa y persona

Esta contraposición tiene origen en la que se da entre objeto y sujeto. El sujeto del conocimiento aparece como lo que nunca puede ser objeto. Cabe que el sujeto se tome a sí mismo por objeto de una reflexión explícita, en ese caso tiene que producirse un cierto desdoblamiento en el sujeto: en sujeto objetivante y sujeto objetivado, con lo que quedará siempre un reducto (el sujeto objetivante) que escapará a toda objetivación. Ese reducto será el sujeto propiamente dicho, libre de todas adherencias objetivas u objetivables. Así es como se contraponen de modo irreductible el objeto y el sujeto. Este contraste se presenta según las distintas concepciones filosóficas con nombres diferentes:

Kant: “naturaleza” y “libertad” se oponen irreductiblemente.

Dilthey: “naturaleza” e “historia” 

Otros: “naturaleza” y “espíritu”; “naturaleza” y “cultura”

Sartre: “en si”(objeto) y “para si”(sujeto) se oponen como el ser y la nada.

En el fondo de estas concepciones se encuentra siempre, aunque a veces inconscientemente, la reducción de  la cosa a la sustancia puramente corporal o a lo corpóreo en general. Con este presupuesto es natural que se quiera excluir a la persona o al ser espiritual del ámbito de la cosa.

Cuando se considera que la filosofía escolástica tiene una noción cosista de la persona. Si por “cosa” se entiende “cuerpo” no hay ciertamente tal “cosismo”[5].

Otro problema será el de si la persona es o no una sustancia. Para Tomás de Aquino sí lo es, los filósofos que lo niegan es porque conciben la sustancia como algo mecánico e incompatible con la espontaneidad y agilidad del ser libre. Mas nada se opone a que pueda existir una sustancia espiritual.

6. LA NOCION DE ALIQUID

La noción de aliquid  que traducimos en castellano por “algo”, es decir “otro que” o “distinto de”, tiene un triple sentido que conviene precisar:

1° Puede expresar la esencia o quididad (aliquid = aliqua quidditas) conocida  de un modo indeterminado (“en ese lugar hay algo que tiene olor feo)

2° Designa un ente en cuanto distinto de otro ente (aliquid = aliud quid ) y de todos los demas.

3° Expresa el ente como distinto del no-ente, como dividido o separado de la nada.

La primera significación no sería una noción  trascendental porque se trata aquí de un sinónimo del trascendental “cosa”

La segunda significación tampoco sería una noción trascendental porque aunque explica la noción de ente, eso que explicita no se deriva del ente sino del uno. Es cierto que no hay un solo ente sino muchos, y que en consecuencia, cada ente tiene que ser distinto, o estar dividido o separado de los demás. Esta pluralidad no es incompatible con la semejanzas entre ellos. (Entre estas semejanzas la más amplia es la de la analogía del ente) Pero a pesar de las semejanzas, hay, y tiene que haber, muchas diferencias; aunque sólo se trate de la diferencia numérica ningún ente existe con la existencia de otro ente, cada uno tiene su existencia propia. De estas diferencias deriva la multiplicidad de los mismos y eso es lo que expresa la palabra “algo”: cada ente es distinto de los demás entes y por ello hay muchos entes, y no uno solo.. Vemos entonces que esta segunda significación de aliquid se resuelve en el trascendental unum

La tercera signifcación señala la contraposición más radical que puede  darse, la que separa o divide el ser del no-ser, la oposición del ente a la nada. “Algo” se opone a nada existencial, y por lo mismo  también esencial. (Lo que no tiene esencia tampoco puede existir) Esta significación reúne las condiciones para contarse entre las propiedades trascendentales, manifiesta un aspecto original y primero del ente y puede predicarse de todo ente. La aliquidad es la misma entidad afirmada en contraposición a la nihilidad.

Sobre la propiedad trascendental “algo” se  funda inmediatamente el principio de no contradicción: ens non est non ens, el ente no es el no ente.. La oposición se impone a nuestro espíritu de manera positiva, exigiéndonos ver en el ente “algo” que se destaca de la nada y empujándonos a juzgar que el ente no es el no-ente.

La confusión entre la 2° y 3° acepción de “algo” lleva en Parmenides a negar la pluralidad y en Sartre a colocar al hombre fuera del ente[6]. (Ver Unidad III)

7. LA NOCION DE REALIDAD

La palabra "realidad" significa, lo contrapuesto al no ser, a la nada, a lo que no existe. Lo contrapuesto al no ser o a la nada es el ser, lo contrapuesto a lo que no existe es lo que existe.

Pero todo ello todavía puede tener dos sentidos, uno más radical que otro, a saber:

-lo que es o existe "en acto": lo que existe real y verdaderamente en el momento presente, ahora,

-lo que es o existe "en potencia": lo que todavía no existe, pero puede existir.

Pero ese "poder existir" ha de tener algún fundamento.

 -un fundamento intrínseco, que es la no contradicción. Si algo no es contradictorio, puede llegar a existir, y, si sólo se atiende a esa posibilidad intrínseca, estamos ante lo "meramente posible".

-        fundamento extrínseco, y entonces:

-        o se trata de una materia, realmente existente, de la que "se puede" hacer algo (por ejemplo, de este trozo de mármol se puede hacer una estatua),

-        o se trata de un agente, de una causa productiva, que "puede" efectivamente producir algo (por ejemplo, este escultor puede producir una estatua).

No cabe duda que el fundamento extrínseco supone el intrínseco, pero añade algo. Y lo que existe en potencia según ese doble fundamento parece estar más cerca de la realidad o de la existencia efectiva que lo que sólo cuenta con el fundamento intrínseco o la no contradicción.

Por lo demás, entre lo no existente en acto puede también señalarse lo "pasado" y lo "futuro". Lo pasado ciertamente no existe ya, y por ello propiamente hablando no es real; pero ha existido anteriormente, ha sido real en algún momento anterior, y por ello nos parece más cercano a la realidad que lo meramente posible. E igualmente lo futuro. Lo futuro no existe todavía, pero existirá más adelante; si ahora no es real, lo será después; y por eso también nos parece más cercano a la realidad que lo que, siendo ciertamente posible, no será real jamás.

Pues bien, a todas esas formas "atenuadas" de realidad se opone radicalmente lo que es intrínsecamente imposible, o sea, lo contradictorio. Se trata de un "puro objeto" que lo es de suyo y necesariamente, o sea, que nunca será ni podrá ser otra cosa que un "puro objeto", sin valor transobjetual alguno. Y tales son los llamados "entes de razón", como las quididades paradójicas o imposibles (por ejemplo, un circulo cuadrado), o como las negaciones y las privaciones en cuanto concebidas positivamente, o como las relaciones de pura razón (por ejemplo, las relaciones lógicas de sujeto y predicado).

  Analogía de la noción de "realidad"

De todo lo dicho se desprende que la palabra "realidad" es análoga. Pues, propiamente, lo que entendemos por realidad, o sea, lo opuesto al no ser, o a lo que no existe, no se encuentra más que en las cosas actualmente existentes, en lo que existe en acto, y no sólo en la potencia de una materia, o en la capacidad productiva de un agente, o como un puro objeto en la mente de quien lo conoce.

Sin embargo, también se puede aplicar el nombre de "realidad", en sentido derivado e impropio, a lo que en sí mismo no es real, pero que se relaciona con lo real de algún modo. Por ejemplo, a lo pasado, que ya fue real, aunque ahora no lo sea; o a lo futuro, que tampoco es real ahora, pero que lo será después; o a lo meramente posible, que no ha sido real en el pasado, ni lo será en el futuro, ni tampoco es real ahora, pero que "puede ser" real, y esto con el doble fundamento de su posibilidad intrínseca (su no contradicción) y de su posibilidad extrínseca (la existencia actual de lo que puede llegar a ser su "causa material" o su "causa eficiente"). Estos otros sentidos de la "realidad" son analogados secundarios y extrínsecos, a diferencia del analogado principal e intrínseco que es la realidad misma, o sea, lo que actualmente existe, o existe efectivamente fuera de la nada, fuera de sus causas, y fuera del conocimiento que de ello se pueda tener,

Por lo demás, lo que de ningún modo se puede llamar "realidad", porque no tiene nada que ver con ella, es lo que se constituye ante la mente que lo considera como un "objeto imposible", o sea, lo que es ciertamente un puro objeto, pero no sólo de hecho, sino también de derecho, es decir, un objeto "necesariamente" inexistente, un puro "ente de razón".

 El signo distintivo de la realidad

Para terminar señalemos que el signo distintivo de la verdadera realidad, de lo que efectivamente existe en acto, es la actividad y la pasividad. Porque si una cosa cambia, o se mueve, o es alterada o trasformada pasivamente de algún modo, indudablemente existe, indudablemente es real. Y lo mismo si actúa de alguna manera, si es causa eficiente de algún efecto que actualmente esté siendo producido.

 "El obrar y el cambiar corresponden a las cosas según el ser real por el que subsisten en sí mismas, y no según el ser intencional por el que se dan en el intelecto, pues no calienta el calor que está en el intelecto, sino el que está en el fuego" (De Veritate, q.22 a.12)

De aquí también el adagio filosófico que asevera que "el obrar sigue al ser, y el modo de obrar al modo de ser". Porque sólo lo que existe obra, y además todo lo que existe obra o actúa de algún modo. Porque la actualidad del ser lleva a la actividad.

Pero si todos los seres, por el mero hecho de serlo, son activos, y si, en algunos casos, esa actividad no es sólo inmanente, sino también transitiva, será preciso que existan seres capaces de recibir esa acción transitiva, es decir, seres pasivos, y entonces la pasividad será el complemento necesario de la actividad (de la actividad transitiva, se entiende). Por lo cual, la misma pasividad también exige realidad.

Y así se ha de decir que el obrar (sea de modo inmanente sea de modo transitivo) exige el ser real, y el cambiar ( o sea, el recibir pasivamente una acción transitiva) también exige el ser real. El signo indudable de la realidad es, por tanto el obrar y el cambiar.


[1] ”El nombre de “cosa” (res) se refiere, ya al hecho de darse en la mente, en cuanto deriva del verbo pensar (reor), ya al hecho de darse fuera de la mente, en cuanto significa algo determinado (ratum) y firme en la naturaleza” (Tomás de Aquino, In I Sent. d.25, q.1, a.1)

[2] “La perfección de un conocimiento consiste en que se conozca a la cosa tal como es, pero no en que el modo de la cosa esté en el cognoscente” (Tomás de Aquino, De Veritate, q.2, a.5, ad.6 )

[3] “la idea es la misma cosa pensada en cuanto tiene sólo cierto ser objetivo en el intelecto” (Discurso del Método); “la idea de sol es el sol mismo, existiendo en el intelecto, no formalmente como en el cielo, sino objetivamente, es decir, al modo como los objetos suelen existir en el intelecto” (Respuestas a las primeras objeciones)

[4] “No podemos tener conocimiento de un objeto como cosa en sí misma, sino sólo en cuanto la cosa es objeto de la intuición sensible, es decir como fenómeno.....pero siempre queda la resreva de que esos mismos objetos, como cosas en sí, aunque no podemos conocerlos, podemos al menos pensarlos; pues si no, seguiríase la proposición absurda de que habría fenómeno sin algo que aparece” (KrV, Prólogo a la 2° ed)

[5] Cuando Tomás trata de explicar el modo como llegamos al conocimiento de la naturaleza de nuestra propia alma espiritual, refiriéndose a la frase de Aristóteles: “el intelecto es inteligible como los otros inteligibles” (frase que podría entrañar cierto “cosismo”, expone sin embargo su propia concepción: “Del hecho de que el alma humana conoce las naturalezas universales de las cosas, percibe que la ‘especie’ por la que entendemos es inmaterial, pues de lo contrario estaría individuada, y así no llevaría al conocimiento de lo universal. Y del hecho de que la ‘especie inteligible’ es inmaterial se puede concluir que el intelecto es cierta cosa independiente de la materia; y de aquí se puede llegar al conocimiento de las demás propiedades de la potencia intelectiva” (De Veritate q.10 a.8) Tomás utiliza aquí la palabra ‘cosa’ en su sentido trascendental, como sinónimo de ente. Está muy lejos de reducir a la persona a lo meramente corpóreo.

[6] Lo que como algo efectivo  y real se opone a cada hombre son todos los demás entes. Esta oposición “hombre-todo lo demás” se hace consciente en cada yo concreto: es la oposición “yo-todo lo otro”, la cual, sin duda, es posible en tanto que el yo implica un no-ser, un no-ser-todo lo demás. De esto no se sigue, sin embargo, que el yo –como insinúa en alguna ocasión Heidegger y concluye de hecho su discípulo Sartre- se salga del ser; a menos que se confunda el no-ser relativo con el puro no-ser absoluto y que se niegue u olvide la flexibilidad y analogía de la idea de entidad. (Millan Puelles)

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Comentarios sobre Los trascendentales (2º Parte)

Xent Xent

Creo que donde dice:

"Si por “cosa” se entiende “cuerpo” no hay ciertamente tal “cosismo”"

debería decir:

Si por “cosa” no se entiende “cuerpo” no hay ciertamente tal “cosismo”

Gracias por este fantástico blog.

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Romen

Romen escribió esta anotación hace 3 meses. En ella habla sobre Algo, Cosa, Metafísica y Trascendentales.

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Los trascendentales (2º Parte) (Xent)
Creo que donde dice: "Si por “cosa” se entiende “cuerpo” no hay ciertamente ......(29 oct)
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Me parece que es un buen resumen y me gustaria seguir ahondando en esto pues quisiera hacer mi ......(26 sep)

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